Días atrás intentaban explicarme una verdad tan intangible como evidente: el pasado no existe.
¿El pasado no existe?. No existe en forma, no se lo puede tocar, no se lo puede ver, solo se lo recuerda y ese recuerdo es una proyección espejada que se reformula en el presente. El presente hace que el pasado exista pero ¿existe o es tan solo un proyección invertida que el tiempo va cargando y así modificando, exagerando, deformando, decorando, como una fotografía? ¿existe?.
En el brazo derecho tengo una marca en forma de hoja, con el tiempo se fue haciendo cada vez menos visible, excepto cuando el sol tuesta la piel, ahí se pronuncia la marca. Ya no recuerdo en detalles minuciosos como es que aquella marca se hizo. Recuerdo fragmentos sueltos: un día, en casa de mis padres, era bastante pequeña, mi mama me pagaba un austral por planchar pañuelos, en aquellos tiempos donde las personas tenían cantidad de pañuelos en variedad de colores, formas y estampados. Me encontraba en la cama de mis padres, la usaba como soporte, es por eso que estimo que la edad de aquel entonces era poca, estaba en el lugar que la altura me permitía planchar pañuelos. Recuerdo una gran montaña de pañuelos, de todas formas dudo de si era tal o no, ser niño tiene ese don maravilloso que sobredimensiona. En fin, me encontraba planchando los pañuelos, en eso apoyo la plancha de parado, hago algún tipo de movimiento extraño y la plancha cae. En un intento por evitar la caída el filo del electrodoméstico rebota sobre la parte baja de mi antebrazo derecho y el olor a piel quemada invadió el olfato, mis niños nervios, los nervios avisaron al cerebro que algo estaba pasando, el cerebro aviso a las cuerdas vocales y a los ojos de que era momento de gritar y llorar.
Me jacte gran tiempo de mi marca. Cuando era niña gustaba de las cicatrices, puede que ese infundado fanatismo me haya llevado de mas grande a marcarme el cuerpo con tinta permanente.
De aquella marca solo puedo dar fe de tres cosas: Había una plancha, había pañuelos y queme mi brazo. Todo lo demás puede que solo sea el relleno que da curso, cierre y contexto a la historia.
El recuerdo, una idea impregnada de lo ocurrido, es mas bien como volver a saborear el bocado rico que alguna vez fue probado. Una sensación intangible que no se explica porque es en ocurre. Cerrar por un rato los ojos para montarlo todo nuevamente, recrear el final, modificarlo con uno más amable, corregir libretos, borrar párrafos, accionar el cuerpo. Encender el libre albedrío. Si se proyecta en la mente cantidad de veces una fantasía esa fantasía se hace real, se ve, se toca, se huele, se vive. Esa fantasía se convierte en recuerdo, que pasa a ser un capitulo mas en la historia que vamos construyendo sobre nosotros mismos.
Si se puede montar toda una vida de recuerdos que no existieron, y si eso pasa, y llegamos al punto donde creerlos se hace carne en la verdad. Si es tan sencillo diseñar el pasado quizá es igual de posible hacerlo ahora, en el ya, en el presente. Puede que lo miserable o lo felices que somos tenga que ver con proyectar el hoy, con diseñar el estilo de las construcciones de la calle por la cual transitamos. Si nos concentramos en el silencio, en medio del caótico transito, puede que todo se calle. Si hacemos fuerza y convertimos el tiempo de los otros en un cámara lenta fuera de foco puede que solo nos veamos a nosotros caminando sobre ese bulto que no se distingue.
¿Uno es capaz de ver solo lo que la vista pretende?. No pasa algunas veces de ir a un lugar y no dar cuenta de nadie, pero de pronto la mente, que va mas rápido que nuestro quehacer diario, logra ver sobre esa multitud a una sola persona, imposible de creer entre tanto, pero lo vemos. Encontramos lo que buscamos sin tener conciencia de aquella búsqueda.
Antes de nacer suponemos que ocurrían tales o cuales cosas solo porque otros las narran, de ahí construimos la historia hasta el punto cero, nosotros, ahí es cuando nos convertimos en narradores.
Lo que sucedió en el pasado, muchas veces, no es tal como lo recordamos pero el cuerpo, el cuerpo se convierte en nuestro propio memento. Las marcas son pistas, advertidores de por vida: ¡precaución! una plancha enchufada puede quemar.
Solo se que tengo una marca en el cuerpo, una marca que me avisa que alguna vez paso algo y que por eso ella esta ahí, una marca que me cuenta que antes de hoy pasaron otras cosas, cosas que supongo, que me cuentan, que fantaseo o que simplemente ocurrieron. Las marcas nos dan cuenta de que existe un pasado pero no dan cuenta de si así es como paso.
Me jacte gran tiempo de mi marca. Cuando era niña gustaba de las cicatrices, puede que ese infundado fanatismo me haya llevado de mas grande a marcarme el cuerpo con tinta permanente.
De aquella marca solo puedo dar fe de tres cosas: Había una plancha, había pañuelos y queme mi brazo. Todo lo demás puede que solo sea el relleno que da curso, cierre y contexto a la historia.
El recuerdo, una idea impregnada de lo ocurrido, es mas bien como volver a saborear el bocado rico que alguna vez fue probado. Una sensación intangible que no se explica porque es en ocurre. Cerrar por un rato los ojos para montarlo todo nuevamente, recrear el final, modificarlo con uno más amable, corregir libretos, borrar párrafos, accionar el cuerpo. Encender el libre albedrío. Si se proyecta en la mente cantidad de veces una fantasía esa fantasía se hace real, se ve, se toca, se huele, se vive. Esa fantasía se convierte en recuerdo, que pasa a ser un capitulo mas en la historia que vamos construyendo sobre nosotros mismos.
Si se puede montar toda una vida de recuerdos que no existieron, y si eso pasa, y llegamos al punto donde creerlos se hace carne en la verdad. Si es tan sencillo diseñar el pasado quizá es igual de posible hacerlo ahora, en el ya, en el presente. Puede que lo miserable o lo felices que somos tenga que ver con proyectar el hoy, con diseñar el estilo de las construcciones de la calle por la cual transitamos. Si nos concentramos en el silencio, en medio del caótico transito, puede que todo se calle. Si hacemos fuerza y convertimos el tiempo de los otros en un cámara lenta fuera de foco puede que solo nos veamos a nosotros caminando sobre ese bulto que no se distingue.
¿Uno es capaz de ver solo lo que la vista pretende?. No pasa algunas veces de ir a un lugar y no dar cuenta de nadie, pero de pronto la mente, que va mas rápido que nuestro quehacer diario, logra ver sobre esa multitud a una sola persona, imposible de creer entre tanto, pero lo vemos. Encontramos lo que buscamos sin tener conciencia de aquella búsqueda.
Antes de nacer suponemos que ocurrían tales o cuales cosas solo porque otros las narran, de ahí construimos la historia hasta el punto cero, nosotros, ahí es cuando nos convertimos en narradores.
Lo que sucedió en el pasado, muchas veces, no es tal como lo recordamos pero el cuerpo, el cuerpo se convierte en nuestro propio memento. Las marcas son pistas, advertidores de por vida: ¡precaución! una plancha enchufada puede quemar.
Solo se que tengo una marca en el cuerpo, una marca que me avisa que alguna vez paso algo y que por eso ella esta ahí, una marca que me cuenta que antes de hoy pasaron otras cosas, cosas que supongo, que me cuentan, que fantaseo o que simplemente ocurrieron. Las marcas nos dan cuenta de que existe un pasado pero no dan cuenta de si así es como paso.