En febrero lleve a Doggi (Junior, Julio, Mugre, cabeza de melón, pelo de algodón, narigón con patas) al doc de los caninos. Coni, que la amamos por ser el hada madrina de los animales y tiene ojos que brillan como dos bolitas mojadas, nos dice en su tono amor que tenemos que castrar al perro. Puedo lidiar con mucho, con un reactor nuclear, con un entrevistado pasado, con amigos raros, con gente loca, puedo llegar a poner mis energías en intentar dividir el átomo hasta intentar crear el agua tibia pero.... pero con el perro no, con el perro no puedo nada. Lo único que puedo con el perro es llorar desde que entro a la veterinaria hasta que salgo. Desde ese día comenzó un calvario de culpa que me encargue de tapar como un gran trauma.
Coni nos mando a hacer estudios, desde ecografías, estudio del corazón, análisis de sangre, lo que se estila en el rubro como pre-quirurgico. Yo necesitaba un pre para hacerme a la idea de operar a mi perro de algo sin morir antes.
Vamos con doggi a hacer todo lo que tenemos que hacer, sometiéndolo a su no entendimiento de lo que ocurre, a su miedo mirándome a los ojos, pidiendo a gritos que pare, que lo saque de ahí, que le cubra las espaldas. El mejor amigo del hombre, mi mejor amigo me lloraba por hacerle mal. Y yo lloraba.
Volvemos de Coni a chequear el pre-muertedeambos.
-¿Y? ¿todo bien?
-maso, tiene una irregularidad en el corazón, ¿no lo escuchas toser o como con arcadas?
-eh? si, pero lo hace desde que lo tengo, hace 9 años, pensé que eran pelusas en la garganta, viste que los perros comen cualquier cosa.
El mismo día que le confirman a doggi su "tema" del corazón me confirman a mi que soy la peor persona del mundo. El mismo día, ambos dos, nos enteramos de algo que tenemos: él de su corazón de hospital de los muñecos, yo de que arcada de perro no siempre es pelusa en la garganta.
Ahí empezó toda mi teoría de que el perro se iba a morir y de que yo me iba a tener que mudar porque simplemente, aceptar su ausencia, era lo único con lo que no podría lidiar.
El tiempo fue pasando, yo decidí esperar un poco, le metía excusas a Coni del estilo "Estoy esperando cobrar unos laburos", "no me puedo hacer el tiempo", "Murió Chavez", "aumento el pan", cualquier cosa, y ella siempre respondía lo mismo "Empezá a hacerte la idea, es por su bien". Yo lloraba.
¿Castrar al perro? ¿Quien soy yo para castrar a alguien? ¿Quien soy yo para decidir sobre el futuro de otro? ¿Que autoridad no adquirida tengo para decidir tus bolas si, tus bolas no?.
Hace dos semanas operaron a Astor, el otro perro amor de mi vida, y a Papá, el único Papá amor de mi vida que tengo. El mismo día, a la misma hora, ambos entraban a un quirófano para que le saquen algo. Algunas veces seguir la vida, vivir, tener una vida mejor tiene que ver con eso, con sacarnos algo que nos hace mal.
Me dejo pasmada lo siguiente: cuando operan a un humano todo es a puertas cerradas, hay un espacio donde los sanos no pasan, donde solo pasa el enfermo y los magos de la ciencia. Cuando operan a un perro lo hacen vidrio de por medio, es como ver la tele solo que no podes cambiar de canal.
La operación de Astor la vi toda, como le cortaron al medio como pollo, sacaron fuera sus partes, todo similar a la góndola de carnicería del súper. Le sacaron la bola que le hacia mal y la pusieron en una bandeja similar a una ensaladera metálica. Ahí le metieron nuevamente todo adentro, lo cosieron y nos llamaron.
-vengan, pasen, esto es lo que le sacamos
-ahhh
-Salió todo bien.
Como si fuera posible que ante la jugada de los sentimientos y mi escaso conocimiento medico yo pudiera diferenciar entre un vaso tumoroso y una esponja empapada en tempera púrpura.
En la sala de espera había un hombre sentado, nos conversaba muy amablemente. Su perrita se encontraba recién operada acostada en una camilla. Temblaba por la anestesia. La acariciaba y le susurraba que se calme. Ahí se nos pone a contar que su perrita tenia un tumor hace varios meses pero que recién ese día el había podido reunir el dinero para operarla. El señor no vivía a medio metro de la veterinaria como nosotros, el señor vivía a hora y media de la clínica de animales. El señor tuvo que juntar durante meses el dinero para poder salvarle la vida, nosotros no.
Hasta antes de ese día estaba confirmado que yo era el peor ser sobre la tierra, ese día, definitivamente, el podio era todo mío.
Semana después fui de Coni, le di luz verde para operar a Junior. Nos mando a hacer nuevamente todos los estudios. Salieron todos bien. Su corazón va bien.
Hoy lo operan. Me costo nueve meses parir la convicción de que es por su bien, que no tiene que ver conmigo, de que es por él.
Sigo pensando que "Castrar" algo es una idea demasiado violenta a ejecutar. Pero de algún modo. Castrar. Castrar algo. Que se yo. Quizás algunas veces es necesario, quizás algunas veces tiene que ver con la vida.
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