sábado, 21 de diciembre de 2013

Al amor le llueve para poder darse cuenta de que es amor

(Para escuchar mientras se lee: Linger - The Cranberries)

Resulta que un día de mucha lluvia lo que produce es mas que agua a borbotones y corridas. Parece que un día de mucha lluvia puede llover tanto que todo el papel se va desarmando hasta el punto de convertirse en un gran engrudo, que comenzamos a arrancar porque es pegajoso y además molesta, y vamos quedando desnudos y con la piel de un pollo. Y eso resulta en un día de lluvia, donde en una ciudad tan grande como la que imaginamos, con tanta gente, se vuelve imposible conseguir un taxi para volver a casa. Para llegar a casa impaciente, con extremada prisa, casi queriendo que las escenas de cuadras y cuadras, que suceden mientras el auto circula, deseas se hagan cada vez menos visible. Que llegar sea algo rápido, instantáneo. Y subir de a tres escalones y que la ansiedad le juegue la mala pasada a las manos y las vuelva torpes, porque el corazón late tan fuerte que el lado de las llaves se marea, y casi en un grito abrir para volver a cerrarla ya del otro lado. Y confesarle al silencio, a la casa tomada por nadie mas que uno: definitivamente estoy enamorada. Y sonreír a causa de ello.

Estar enamorada. Es una parte previa al concretar. Uno se enamora sin estar informado de la correspondencia del amor. O al menos eso fue lo que ocurrió en esta historia, y entre nos (son las que mas me gusta sucedan).

Hay dos tipos de enamorados: Uno que se produce efectivamente saliendo con alguien bajo la intención de que sea amor, el otro es el que sucede sin que te des cuenta, conociendo a la contraparte, y como aquella intención de enamorado no existió previamente, de pronto, así como si nada, te das cuenta: es amor.

Una vez alguien me dijo lo que alguien le dijo y es que no existe enamorado sin enamorado, de que el amor en términos de tiempo sucede en ambas partes del asunto amor. Y yo le creí al que le dijo al que me dijo. Una correspondencia entre partes suena a algo sensato, aun mas si la correspondencia tiene que ver con el acto noble de amar. 

Entonces esa noche nos quedamos pensando, y a la mañana siguiente un poco mas ¿acaso el amor sin concretar no queda reducido a una poesía amorosa que comienza con una lluvia y culmina con una gota?. Caminando un poco mas te encontras con los mas nobles argumentos "sin importar que suceda, el estado, no deja de ser maravilloso que te ocurra, es sentir lo vivo que estamos". Es que... sentir el estado enamorado, no es algo que le pase a todos. Pero sucede un día, uno de mucha lluvia, y pase lo que pase, ya no se puede volver atrás, porque solo existe un adelante. 

PD: Si estas enamorado lo que no esta pasando tiene que ver con lo que no estas haciendo. Y sin importar la correspondencia, que no pase de largo la posibilidad: Hoy podrías estar mucho mejor. Y si quizás decidiste solo estar en un silencio de enamorado.... Diría que no te lo pierdas. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Todos los días puede ser Navidad

De las mezclas salen cosas bonitas. No trata de necesitar para poder hacer sino mas bien de la creatividad del hacer con lo que hay. El que sea perfecto tiene mucho que ver con las intenciones (hablamos de relaciones humanas). Las intenciones inspiran, el coraje inspira, el valor inspira. Y las proporciones hacen que uno se enamore del andar.

Leí en un libro que no recuerdo, de un autor que tampoco recuerdo (¿importa acaso el libro y el autor?) decía algo de los caminos, de cuando a los caminos les toca bifurcarse y que ambos lados lucen en amarillo, lo cual no muestra ni lo peor ni lo mejor de cada lado ¿importa acaso?. En fin, de que los riesgos tratan de eso de la intuición y del error, y de sin importar cual sea el camino elegido hacer con lo que pasa, no con lo que pasara.
Por eso algo del vivir libres pero atentos. Dejarse llevar sin invadir el paladar de varios sabores, sin que se mezclen los olores. Es que cada tiempo trata de algo, y quizás la libertad trata de saber que cada tiempo trata de algo. Respirar libertad tiene que ver con el poder hacer lo que creemos. Y no es poco creer en algo, en alguien. Es que en nuestras creencias somos. Cuando descubrimos que creer, hacer, saltar tiene que ver con la libertad, ahí dejamos de estar atados.
La libertad tiene que ver con el respeto. El amor tiene que ver con el respeto. El hacer tiene que ver con el respeto. El registro del tiempo tiene que ver también con eso. Somos dueños solo de nuestra parcela lo demás es el universo compartido, y ahí somos también un poco de los otros. Porque en los otros somos un poco nosotros.
Y la oportunidad siempre sera calva, y lo que la gente hace es saltar, no soltar.
Nuestro querido siglo XXI y su oferta inagotable de todo. Ya paso de moda ese inagotable. Este estimado siglo del todo, que nos seduce, nos incita, nos prostituye, nos hace si querer dejar de ser la mejor parte de lo que somos. Pero con lo que no cuenta este siglo de ofertas es con los que quieren más, con los que se preguntan cosas, con los que buscan encontrar la verdad, con los valores, con el respeto, con el amor.

Hoy el amor es liquido porque el miedo es el protagonista de nuestra vida contemporánea. Paso de moda estar a la moda. Paso de moda la estructura vacía. Paso de moda la acumulación que nos hace pertenecer a los tiempos que corren. Y lo peor es que todo eso no hizo mas que hacernos ser uno mas. Un posmoderno mas en el mundo posmoderno.

Soy un pedazo de los tres últimos siglos: el romanticismo del siglo XIX, la libertad del siglo XX y la oferta del siglo XXI. Y le voy dando brincos a cada parte. No se bien lo que quiero, y de eso trata, de no saber, pero todos los días despierto con la sed de que el viento me atrape con sus virtudes. De que no me pasen las cosas, que me atraviesen. Prefiero un golpe a un roce. Prefiero quedarme sin nada a cambio de conocer.

Parece que la navidad solo trata de una efectiva campaña de alguna agencia de creativos. Pero esa ilusión que nos venden invita también a otras cosas: a dar, a compartir, a la reunión, a la alegría. Es casi una de las pocas veces en el año, que muy a pesar de lo que el siglo dicte, las lineas se saturan y uno se sienta en la mesa de siempre a comer rico, beber rico, conversar lindo y desear cosas bonitas, dejando el Gucci de lado para ser por unas horas lo que nunca dejamos de ser. Y ahí surgen los olores familiares, los recuerdos ausentes. Y por un rato deja de importar todo lo que atrás paso, porque es navidad y en navidad no importa el cuanto tenemos, los titulas acumulados, los bienes ganados, en navidad uno se reune con ese grupo humano que tan en uno nos hace sentir.
Soy una chica con suerte, a mi la vida me dio mas de lo que busque.


-Revista IT - Diciembre 2013

jueves, 5 de diciembre de 2013

#EspiasDeCopetin: El Frankfurt

Se va señor de mesa. Otro llega y se sienta en el lugar del que se fue. Apoya *extraño sobre madera sobre la mesa. Abre un cuaderno rivadavia azul de esos forrados con papel araña. Hace un llamado telefónico. Dice algo sobre una causa. Guarda el cuaderno en el sobre misterioso. Se queda mirando la nada a través de la ventana. ¿Que piensa?. Pide un agua mineral sin gas.
65 años aproximadamente. Regordete. Panzón. Rasgos de la europa de la lasagna. Cabello grisáceo. Camisa escocesa entre blancos y bordo. Más bordo que blanco. En el bolsillo de la camisa guarda una birome y un pilon de papeles tamaño bolsillo de camisa. Usa jean. Lleva una cadena color plata. Usa gafas mitad de marco metálico. De esas que se oscurecen cuando la luz aumenta. Se sirve agua, toma. Se sirve nuevamente, toma y abandona el vaso. Vuelve  a sacar el cuaderno del sobre y junto al cuaderno una pila de papeles a los que de tanto en tanto les hace alguna anotación. El papel dice algo de "acta... de la ciudad de buenos aires", no llego a leer. Junta nuevamente los papeles, les pone una goma elástica y abre el cuaderno. Cierra el cuaderno y mete ambos al sobre nuevamente. Otra vez observa la nada. Se sirve una tercer vez agua hasta vaciar la botella. De a largo sorbos la va bebiendo. Se queda mirando el sobre. Mira la ventana y vuelve a mirar el sobre. Se saca comida de los dientes con los dedos. Se lo ve preocupado pero no desesperado. Se lo ve cansado. Vuelve a beber agua. Toca el sobre, lo acerca unos centímetros hacia él. Se cruza de brazos ¿esta esperando a alguien?. Se humedece los labios. Hace gestos de pensar con sus manos. Una señora de otra mesa se levanta y él se la queda mirándo. Le sigue el recorrido por la ventana. ¿Termina el agua sin gas y se va?. Cada tanto hace un sonido particular con la boca, como un silvido, un ruidito.
Toma nuevamente el sobre. Saca el cuaderno. Lo abre. Hojas saturadas de escritura. Toma el movil y *disca. Se queda a la espera. Deja un mensaje de voz, no se distingue lo que dice. Los mensajes de voz siempre se dejan tres o cuatro tonos por debajo del promedio habitual en el que uno suele comunicarse. Escribe algo en el cuaderno. Es diestro. De esos que prensan la birome casi desde la mitad y juntan el indice y el gordito. Tinta azul. El promedio dice que la gente mayor a 50 no usa tinta negra, un habito de sus tiempos de escolaridad. Relee el texto. Vueve a *discar. Espera. Nuevamente deja un breve mensaje de voz, nuevamente en dos o tres tonos por debajo del habitual. Lee la pagina de lado a la que escribió. Continua a la siguiente. Subraya algo. Vuelve a la pagina anterior y subraya algo tambien. Retrocede en la lectura. Vuelta atrás y otra vez hacia adelante. Corrije acentos. (El mesero del lugar tiene unos 45 años aprox. Es de Galicia). Continua escribiendo breves anotaciones. Mira el vacio y retoma la lectura. Cierra el cuaderno. Mira por la ventana. Se cruza de brazos. Me mira. Mira la ventana. Pasa el rato. Se sonríe. Se acomoda sobre la silla. Parpadea. Parpadea. Parpadea. Pasa el rato. Guarda el cuaderno nuevamente en el sobre madera. Apoya el mentón sobre su palma. Hace el gesto de la estatua que piensa. Se quita las gafas, refriega su ojo izquierdo. Se pone nuevamente las gafas. Se muerde la mitad del labio y sonríe. Se cruza de brazos. Se quita las gafas, rasca nuevamente su ojo izquierdo. Se temina el agua. Pasa el rato, cruzado de brazos, mirando por la ventana ¿porque no se va?. Sonrie. Se acomoda sobre la silla. El ojo izquierdo lo tiene algo más caído que el compañero, lo entrecierra. Palpa el sobre con los dedos. Hace como un juego entre dos de sus dedos y el lateral del sobre. Deja de hacerlo. Se cruza de brazos. Creo que ya sabe que lo observo. En la mesa de al lado una mujer cerca de los 50 años conversa con una pareja cerca de los 80. Sobre la mesa hay un frasco de orina hasta la mitad. De tanto en tanto ella, la mujer mas joven, chequea que la tapa roja del frasco este bien cerrada. 
Nuevamente lleva la mano a su cara en gesto preocupado. No comió las papas de copetín que la casa invita a cada cliente por consumir. (La orina de lado a las medialunas. La vejez pierde limites). Acomoda el sobre. Se queda largo rato de brazos cruzados mirando por la ventana. Observa al mozo. Mira de lado a lado. Nuevamente la mano a la cara. Algo le preocupa. Alguien no le atiende los llamados. Se acomoda en la silla. (¿Porque los de la mesa de al lado se ríen y comen medialunas mientras la orina esta ahí?). Revolea los ojos. Mira la hora. (¿De cual de los tres será la orina?). Creo que quiere pedir la cuenta. Se acomoda los huevos, sutil pero se noto. Pasa el rato. Toma el movil nuevamente y *disca. Espera. Alguien responde del otro lado. Corta rápido, "bueno" dice. Nuevamente el ruido con la boca. Se para, se acerca a las heladeras. Observa. Se acerca al mozo y le pide algo. De regreso a la mesa se detiene nuevamente frente a las heladeras. Toma asiento. Pasa el rato. Otra vez el sonido con la boca. Agarra el sobre y saca el cuaderno azul. Lo abre al azar (casualidad presente). Busca entre las paginas. Tacha algo y escribe. Da vuelta la pagina. Se acomoda sobre la silla. Da vuelta la siguiente. Se detiene. Se acerca. Se vuelve a su lugar. Toma el sobre, le da la vuelta. Anota en el cuaderno algo que lee del sobre. No se alcanza a leer desde aca. Pone el sobre nuevamente debajo del cuaderno. Cierra el cuaderno y lo guarda nuevamente en el sobre. Pasa el rato. Bosteza con la boca bien abierta. Me mira. Pasa un buen rato. Se levanta de la mesa, se acerca a la barra. Cruza palabras con el mozo. Le pide la cuenta. Le da dinero. Vuelve a la mesa. Se sienta. Se levanta. Va al baño. Regresa. Toma un paquete que se encuentra sobre la barra. Toma el sobre que dejo sobre la mesa. Y sale. 
Entra otro hombre, uno mas joven. Se sienta en su lugar.