Quizás sea una heladera mas de las que se rompen cuando las bajas y las altas se disputan, o quizás sea que algunas veces lo que deja de funcionar, lo que se rompe, nos desespera, nos frustra, nos angustia. Pero al dejar pasar el tiempo, darle distancia a lo sucedido sin dejar de ver cada día que el problema, aunque roto, aunque sin uso, no deja de ser problema ni por la tristeza ni por el reemplazo. A mi me paso un mes, un mes en el que mamá no soporto que no tuviese heladera y me trajo de inmediato una suya. Un mes donde nuevamente recordé que también se puede vivir bien con mucho menos, que indispensable es una justa circunstancia. Un mes donde el problema fue tapado por el reemplazo pero cada mañana, la costumbre, la maldita y seductora costumbre, esa que nos hace sentir tan seguros y bien plantados, esa cada mañana hizo que yo camine directo a tocar el cadáver del problema. ¿Por cuanto tiempo es posible hacerle frente a lo que dejo de ser?.
Algunas semanas después el cadáver seguía ahí pero ya no me afectaba, me acostumbre a vivir con eso y no a vivir para eso. Y mi rutina cambio y cada mañana era lo nuevo, viejo y prestado mi nueva costumbre.
Los otros soportan mucho menos la pena de lo que uno es capaz de soportar. Mi encantadora y dulce Camila decidió prestarle ayuda a mi imposibilidad, porque podes tener un muerto viviendo en tu casa y puede que pase el tiempo y te acostumbres, tus rutinas cambien y ya no te afecte pero de todas formas al muerto se lo cura o se lo vela. Ella cada día a las 13 horas me llamaba para recordarme que arregle mi heladera y yo cada día respondía a su recordatorio "mañana quizás lo haga, hoy no".
Pero fui entendiendo, el reemplazo no quito la incomodidad. Fui entendiendo, siempre trata de tiempo, del anticipado, del retrasado o del que llega en el justo momento, el mas difícil de todos, lo que hay que aprender es a esperar.
Sonara absurdo pero tenia la corazonada, ¿la esperanza será?, de que tenia que dejar pasar el rato, que se calmen nuestros humores, que pasen muchas mañanas de sol y que un día sin más, ese día que parece nunca llega, el menos pensado de los días, ese día simplemente yo iba a enchufar esa heladera, mi heladera y ella simplemente volvería a mi vida. Porque lo que es para uno, lo que es de uno, esta con uno y sobrevive, solo para seguir viviendo.
La enchufe y funciono.
Otros dirán que fue suerte, ¿será?.
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