martes, 14 de enero de 2014

La venganza es un plato que se come

No deja de darme vueltas eso de que si algo ocurre repetidas veces es que quizás en ese algo haya un otro algo que aprender, y no dejaba tampoco de sacarme una sonrisa ruidosa eso de que el señor algunas veces obra de maneras misteriosas. Un poco que me río de las suposiciones, otro poco que creo un poco en todo, hasta en lo mas ajeno. Entre ambas curiosidades no podía evitar preguntarme de que trataba nuevamente, esta vez, o todas las veces, que la heladera deje de funcionar, muera bien muerta y pasado un lapso de tiempo mas que fastidioso nuevamente se la enchufe y vuelva a funcionar. Esta vez el enchufarla no genero aquella falsa alegría ni la victoria fácil que obsequia la suerte mágica, esta vez pensé, esta vez mas que pensar, perdón cuestionar también es pensar o en tanto convoca a ello, esta vez me pregunte ¿que es lo que no estoy entendiendo y esta heladera insiste en que lo haga?. Y fue ridícula la pregunta mas también ridículos los argumentos. Puede que la heladera intente que entienda de que trata el tiempo, de que tratan los otros y de las opciones sobre como plantarse frente a eso, a lo intangible, a lo que esta fuera de nuestro movimiento, a lo impredecible, al estado que van cobrando las emociones mientras uno se lamenta, se afecta, se desespera, se decepciona, se desinteresa, la llegada de la merma y como empieza lo afectado a tornarse lucido y de ese modo despejar la mente para poder ver que siempre, pase lo que pase, hay opciones.

Quizás sea una heladera mas de las que se rompen cuando las bajas y las altas se disputan, o quizás sea que algunas veces lo que deja de funcionar, lo que se rompe, nos desespera, nos frustra, nos angustia. Pero al dejar pasar el tiempo, darle distancia a lo sucedido sin dejar de ver cada día que el problema, aunque roto, aunque sin uso, no deja de ser problema ni por la tristeza ni por el reemplazo. A mi me paso un mes, un mes en el que mamá no soporto que no tuviese heladera y me trajo de inmediato una suya. Un mes donde nuevamente recordé que también se puede vivir bien con mucho menos, que indispensable es una justa circunstancia. Un mes donde el problema fue tapado por el reemplazo pero cada mañana, la costumbre, la maldita y seductora costumbre, esa que nos hace sentir tan seguros y bien plantados, esa cada mañana hizo que yo camine directo a tocar el cadáver del problema. ¿Por cuanto tiempo es posible hacerle frente a lo que dejo de ser?. 
Algunas semanas después el cadáver seguía ahí pero ya no me afectaba, me acostumbre a vivir con eso y no a vivir para eso. Y mi rutina cambio y cada mañana era lo nuevo, viejo y prestado mi nueva costumbre.  

Los otros soportan mucho menos la pena de lo que uno es capaz de soportar. Mi encantadora y dulce Camila decidió prestarle ayuda a mi imposibilidad, porque podes tener un muerto viviendo en tu casa y puede que pase el tiempo y te acostumbres, tus rutinas cambien y ya no te afecte pero de todas formas al muerto se lo cura o se lo vela. Ella cada día a las 13 horas me llamaba para recordarme que arregle mi heladera y yo cada día respondía a su recordatorio "mañana quizás lo haga, hoy no".

Pero fui entendiendo, el reemplazo no quito la incomodidad. Fui entendiendo, siempre trata de tiempo, del anticipado, del retrasado o del que llega en el justo momento, el mas difícil de todos, lo que hay que aprender es a esperar. 

Sonara absurdo pero tenia la corazonada, ¿la esperanza será?, de que tenia que dejar pasar el rato, que se calmen nuestros humores, que pasen muchas mañanas de sol y que un día sin más, ese día que parece nunca llega, el menos pensado de los días, ese día simplemente yo iba a enchufar esa heladera, mi heladera y ella simplemente volvería a mi vida. Porque lo que es para uno, lo que es de uno, esta con uno y sobrevive, solo para seguir viviendo. 

La enchufe y funciono.

Otros dirán que fue suerte, ¿será?.



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