martes, 11 de marzo de 2014

El verbo "rechazar" y su presente imperfecto

Llega la respuesta que corresponde al mail de envío, ese mail -que en mi universo ideal- me informa con ok que lo enviado en el mail está ok. Pero esa respuesta de mail decía lo contrario, más bien esa respuesta de mail decía lo siguiente: "Victoria, no encanto la nota, es fresca, divertida, apasionada pero estamos buscando algo más real, necesitamos ese enganche que hace que los consumidores se sientan identificados con la lectura ¿te animas a hacerla nuevamente?. Saludos."

"Más real" -pensé. ¿Más real para quien? ¿más real que cosa? ¿más real lo que con qué?. Y acaso ¿de donde es que suponen saco lo que escribo?.
Me rechazaron una nota al son de "Hacela más real". Realidad señores, la gente quiere realidad. En el mundo que te hace pensar que la Coca-Cola hace que los padres no se divorcien me piden a mi, un grano de arena en este enorme universo, que sea "más real". Saben una cosa manga de mediocres emocionales, ustedes vivan su amor real con los pies bien bien sobre la tierra, yo mejor me quedo viviendo el que te hace flotar mientras ocurre, que no le quita nada de real, porque la sensación, esa de que tus pies estén 10 cm por encima de los baldosones, esa es tan real como el pellizco que en este instante me estoy dando, como las medias corridas a causa del saludo de mi perro esta tarde, como la pelusa que observo a 2 metros de distancia, así de real es. Claramente que no respondí eso, del amor no se vive, che!. Les respondí: ok, dale! lo intento! Saludos!.
Si soy cobarde ya lo se, y estúpidamente rebelde al escribir mi descarga en un espacio publico, también lo se. Pero en tal caso ¿esto no es también realidad? Que la gente se moleste, ofusque, despotrique ¿eso no es la real realidad?. ¿Acaso si te muerden no gritas?.

Algunos, algunas veces, contamos con la suerte de elegir vivir la realidad de otro modo. La mía la vivo así. Con ustedes: la nota rechazada. Una nota más para mi papelera de reciclaje, una menos para la publicación gráfica.




En un lugar llamado amor

Las distancias se cuentan en millas, la mente se instala y empadrona en el lugar que le va quedando, el que va encontrando. Algunas veces se hospeda en lugares jamás conocidos. Suelo pensar que mi karma en está vida son las distancias. Seguramente, en mi anterior vida, todo me quedaba de mano.

Para el desencuentro la distancia es menor que para el encuentro. Pero eso no le pasa al amor. El amor ocurre siempre en un lugar llamado Notting Hill, aunque el té no sea sabroso ni en hebras y las calles no se definan como "esas callecitas pintorescas colmadas de ese no-se-que-que-que-se-yo". El amor vive en Notting Hill, duerme en Seatle, dice te quiero en Paris, desayuna en Tifannys y se pregunta ¿que es lo que le paso a Harry cuando conoció a Sally?.

Hay dos tipos de historias de amor -hablando de las que ocurren- por un lado están esas donde dos se conocen, se enamoran en dos dias y de pronto pasaron dos aniversarios de novios, se presentaron sus amigos, familias y ya llevan contada una navidad.

Por otro lado está la otra, la de la sal, la pimienta, el azúcar, los tomates verdes fritos, todo eso todo junto. Las que nos cuentan Flaubert, Dumas, Esquivel, Migre, Werthers, Estevanez, Austen, Shakespeare, Candance, Garcia Marquez.
La historia es más o menos así: dos se conocen, salen, se encuentran, ella le pretende más o es él quien pretende más a ella, la cosa es que "los más" no se pretenden en simultáneo. Ocurre entonces lo evidente: el que primero pretendió pasa a pretender menos cuando el que pretendió menos pasa a pretender más. Dirán diferentes timming, yo digo que la historia así cuenta que son las grandes historias de amor. ¿Acaso dos que se encuentran y de buenas a primeras se funden en un uno, único, no-mas-dos es algo que venda ejemplares, entradas de cine y que amigos o amigos de  amigos estén interesados en escuchar?.

El amor sin sal, pimienta y azúcar es como una internación  sin diagnostico a la espera del alta o de la muerte.

Retomemos la hipótesis, supongamos que resulto que ella si quería estar con él, y justo-justito cuando abrió la boca y "lo dijo". Lo imaginan ¿no?.  Uff, que suerte que lo imaginen, así evitamos la parte que cuando ella lo dijo él respondió un No elegante.
Los No elegantes son el peor de los NO, es difícil discriminar la pureza de su NO, cuanto porcentaje de SI ocultan, de cuento No nos hablan, cuanto de negociable hay para transar con un SI -algo dudoso, miedoso, entusiasta.

El quid de la cuestión esta en el cuando ¿Cuando es momento de dejar de intentar encontrase con ese SI, que nos late por ahí anda, que intuimos que la punta de una lengua lo tiene de salida? ¿Cuando es momento de decir adiós y dar la vuelta?.

Si esta historia es de esas historias debería de ocurrir lo siguiente: Al momento en que el cuerpo se desploma ya sin esperanzas, abandonando ese sin sentido de lucha por un algo que nadie disputa, cuando la primera de las ultima lágrimas asoma la mano, ahí, ese NO elegante hace sonar los recursos, destrona al silencio, se reconcilia con el encuentro y corre a tomarlo de la mano, seca con su puño la primera de las ultimas lágrimas sin dejar que llegue al borde de la boca -ya que los contratos cerrados en húmedo borronean la firma. Y ese NO elegante, que tanto de SI tenia, olvida por completo lo que alguna vez fue porque solo sabe bien -y sabe bien- ser un SI.

Y cuando eso pasa (*suspiro), cuando eso sucede viven en un lugar llamado Notting Hill, duermen en Seatle, se dicen te quiero en París, desayunan en Tifannys, y Harry responde que paso cuando conoció a Sally, ya que nunca dejo de tratarse de un alguien, delante de otro alguien, pidiendo que lo ame.

No hay comentarios:

Publicar un comentario