Encubierta ironía desvela a Brook en El espacio Vacío "Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral.... Una palabra no comienza como palabra, sino que es un producto final que se inicia como impulso, estimulado por la actitud y conducta que dictan la necesidad de expresión."
La piel se convierte en tacto.
Los dedos hacen un recorrido zigzagueante en vuelta de ida y un ida y vuelta.
El tiempo, el maldito tiempo.
Nos da siempre tan poco.
Antes de morir le voy a pedir al último aliento 5 minutitos más. Y a esos 5 les voy a pedir 5 más, y así vamos ganando tiempo.
Leí los otros días la historia de un hombre que invierte gran parte de su fortuna en ganar tiempo. Toma más de 150 cápsulas al día que logran sostenerlo en su máxima plenitud. Yo me arqueo si tomo mas de tres.
¿Pero porque anhelar vivir tanto? ¿Quien quiere vivir tanto? ¿Quien quiere vivir para ver morir el camino?.
El concepto suelto quedó pululando entre el resto de los pensamientos, y cada tanto me volvía y le pensaba un rato mas, la misma pregunta boba no permitía formular redes opcionales. A la misma pregunta boba le recurría la misma respuesta zonza "No quiero vida si mis 10 números de emergencias han tenido que ser eliminados porque el usuario ya no existe". Uno es uno, pero el Uno está formulado en los otros, en ese pequeño puñado de otros que dan sentido a las horas, las rutinas, a ese escuchar la voz amiga, el sujeto familiar que nos devuelve el alma al cuerpo.
Ese sonido nos retorna ese abstracto inquilino que habita en uno, con uno, ese hueco que graficámos entre medio del pecho, que vive de lado al corazón, que en la alegría se inflama, que en la tristeza duele y en la emoción florece. Ese hueco intangible que nadie vio pero del que nadie duda, porque sin nadie que nos enseñe, en la alegría y en la adversidad, la mano va directo a ese espacio entre los pechos.
El alma no se toca pero el alma se puede romper.
Cuando me fui a vivir a Rosario lleve conmigo todo objeto material que me pertenecía: algunos trapos de los buenos tiempo y dos grandes cajas con libros. Ese era todo mi universo material. Eso y un cuadro, uno que decidí no llevar en aquel momento. Paso cada año de esos ocho años y bajo casualidades mal formuladas siempre lo olvidaba. Cuando volví a Buenos Aires y el destino definitivo se materializó fui de mi madre al encuentro de ese cuadro. Mi vida material, por aquel entonces, se encontraba perfectamente embalada en cajas perfectamente rotuladas. Me fui con dos valijas y dos grandes cajas con libros y ocho años después, el progreso, el consumo capitalista, la acumulación material, o el simple volvernos grande me construyeron en 51 cajas de objetos materiales que me pertenecían, todo consecuencia de una amigable división de bienes.
Mi nueva casa parecía Dogville, las cajas proyectaban el espacio de "lo que será" y uno reconocía ese #loquesera gracias al rótulo de cada caja.
El cuadro y yo volvimos a nuestro primer hogar de independencia individual. Fue lo primero que vistió mi casa, y justo de lado al lugar en el que más tiempo pasaba, a la derecha de mi escritorio. Por alguna razón necesitaba aquel cuadro cerca.
Poco más de una semana después recibo un mail. El remitente, bajo una causa de casualidades enormes, era de la persona que había pintado ese cuadro para mi.
Aquel hombre me cuenta que soñó conmigo, y que en ese sueño yo caminaba por un lugar sin destino, sin saber de qué trataba el encuentro, hasta que lo cruzo con la mirada y desde lo lejos le pido que me salve.
Termina su relato y me pregunta, exponiendo que quizás hasta sea una duda de su curiosidad: "¿Vos estas bien?".
Me descolocó una buena porción de rato, mirando el cuadro, haciendo memoria "el día que él me obsequia ese cuadro, que pintó con un pincel muy delgado que anteriormente yo le había obsequiado, ese día dijo algo sobre ese cuadro.... pero no podía recordar el que".
Entre mirando el cuadro, que claro estaba, el cuadro era una parte de él, me preguntaba su pregunta "¿vos estas bien?".
Como bienestar se presume algo así como un estado de sólida y homogénea felicidad, no desborda, no escasea, es justa: un vaso que se puede agarrar sin que el líquido surfee y sin quedarnos con sed.
No había demasiado que fundamentar pero su pregunta no había logrado una inmediata afirmación ni una inmediata negación: yo simplemente estaba ahí haciendo lo que tenia que hacer hasta que haya otra cosa por hacer. Por lo que entendí, eso, no es estar bien.
Le respondo aquel mail devolviendo algo de la sorpresa, el cuerpo del mensaje y la justa simultaneidad de la llegada del cuadro que 14 años atrás me había obsequiado.
Las cartas suelen comenzar bajo la formalidad de un plan, y en el nudo, acertada forma de llamar a lo pasa entre un principio y un final, en el nudo me encontré a los dedos pulsando letras, convirtiéndolas en palabras, palabras que conjugaban oraciones, oraciones que contaban cosas, cosas tales como "No, no estoy bien". Ni siquiera sabía hasta aquel momento que estaba mal. El nudo es eso, un trance que despierta el principio y lo que se revela en el final.
A la semana siguiente nos vimos, y la chica que le di no fue la misma que volvió. "Victoria, tenés el alma fracturada". Si corremos de lado el contexto de la oración y nos detenemos en el hilo de palabras, es algo irónico: "la Victoria estaba quebrada".
Durante dos meses, cada sábado, escuche el recuerdo en voz alta de cada fractura de mi alma, encontrada y devuelta a su sitio. Yo que creo que Papa Noel es Dios y que Dios no existe pero... pero cuando escuchas el detalle de tu quiebre, ese que bifurca las decisiones. Cuando escuchas lo imposible pero lo vivido. Cuando eso pasa. Cuando un alguien logra meterse en tus recuerdos peor escondidos, en los más denigrantes, en los más dolorosos, en los que te hicieron ser una persona muy diferente de la que podrías haber sido. Cuando caes en cuenta que alguien que no es uno puede entrar dentro tuyo y ver de qué es lo que sos. Cuando cobra dimensión que el tope de lo que entra no solo es un pene sino que hay más: es el alma. Cuando eso pasa, de pronto, en algo de lo intangible, crees.
Dos meses escuchando el desfile de mis frustraciones, muchas veces frustraciones de un solo espectador: yo.
El me contaba mis recuerdos, como escenas de una película, en ese grado de detalle. El que más impresión me causó fue aquel del día que me encontraba sentada en mi banco, de mi parque, con mi cámara y me preguntaba "¿como me voy de acá?". Nadie nunca supo ni que viví eso ni que me pregunte eso. Pero él si. Esa fue una de las fracturas, una de las tantas que le devolvió al alma.
14 fracturas del alma después mi alma se convirtió en una sola parte.
Cuando tu alma vuelve a estar completa hay una sensación de felicidad que ilumina, que lo modifica todo. Hay un dar amor desprejuiciado, sin esperar, sin pensar, solo dar. Sos uno, sin dudas, sin miedos, sin angustias que no se explican.
Después de eso logré entender desde la razón aquella frase tan vulgar y trillada, de la que tantas veces me he reído tanto: el amor es el lenguaje del alma. Puedo escuchar el tono burlón con que sonaba.
Cuando uno esta completo lo que brota es amor.
Él se ríe de mí, no logra conjugar como conviven la estricta razón con la desbordante sensibilidad en un mismo paquete. Yo me río de sus trols de poder. Pero le creo cada palabra, sin explicaciones, sin razonamientos, sin pruebas. Yo solo le creo porque creo en él.
El alma se fractura por vivencias en las que casi ni reparamos. Las fracturas del alma nos impiden avanzar, no permiten a las emociones su plenitud de ser. Nos hacen perder la majestuosa oportunidad de ser felices.
A todo esto, le pregunté por el cuadro, por aquello que dijo el día que me lo obsequio, ¿porque el cuadro? ¿para que?: "el cuadro te va a proteger", esa fue su respuesta.
Por alguna razón 14 años después bajo 14 fracturas del alma, necesitaba que me protejan.
Hoy mi alma está completa, cada tanto se vuelve a fracturar, porque vivir se vive todos los días: lo demás es un regalo.
Debe ser porque creo en Papa Noel.